La pasión por la música siempre ha estado muy presente en su familia; a fin de cuentas, con un compositor como padre, era prácticamente inevitable que Jófríður Ákadóttir desarrollara interés en ese ámbito.
Esa inclinación empezó a cultivarse desde muy joven. Apenas era una niña cuando, junto a su hermana gemela, ya escribía e interpretaba musicales para sus familiares. A sus 14 años ya tenía su propio grupo musical: Pascal Pinon, caracterizado por un sonido folk muy íntimo e influenciado por artistas como Sinéad O’Connor y Björk.
En su adolescencia ya se había abierto paso en la escena musical de Reikiavik, formando parte de agrupaciones como Samaris, caracterizada por el protagonismo de los sintetizadores y la incorporación de poemas islandeses del siglo XIX a sus letras, así como de Gangly y P2X.
Sus primeros pasos como solista llegaron con su álbum debut Brazil en 2016, bajo el alias JFDR. Este proyecto personal está marcado por ritmos pausados, heredados de sus antiguas agrupaciones. La voz sutil de Jófríður convierte sus canciones en una experiencia etérea y casi ancestral, capaz de transportar al oyente a los inhóspitos paisajes helados de Islandia, su país natal.
“Lo que hace interesante a un artista es su vínculo con el universo (…) Si hay verdad y valentía, estarás en sintonía contigo mismo a través de tu música. Si puedes mirarlo a los ojos, se hará evidente.”
Autora: Paula García Salido















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